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Alemania pone a prueba la revolución de Luis Enrique

Todo vuelve en Stuttgart. O todo comienza, más bien, porque es allí donde nos reencontramos con la Selección española y ese proyecto de Luis Enrique que se vio interrumpido por un doloroso zarpazo de la vida. Podríamos fijarnos este 3 de septiembre de 2020 como punto de inflexión en el caminar de La Roja, que no puede seguir viviendo de las rentas. Se dice fácil, pero han pasado ya diez años desde que fuimos campeones del mundo. Hay que mirar hacia delante y no hacia atrás, de ahí quizá el lifting con el que España se presenta hoy ante Alemania en el comienzo de la Nations League. ¿Revolución o necesidad definen esa convocatoria? Luis Enrique y el paso del tiempo nos sacarán de dudas.

Lo cierto es que Stuttgart rebosa metáforas si de lo que hablamos es de arrancar o entrar en combustión. Es la cuna del automovilismo mundial (Mercedes y Porsche tienen en la ciudad sus sedes y un tal Karl Benz inventó a poco más de cien kilómetros de allí, en 1886, el primer coche) y el encuentro se disputa en el Mercedes-Benz Arena (sigue el partido en directo en AS.com). Vacío, claro, por culpa de ese coronavirus que aplazó a 2021 la Eurocopa que debía haberse disputado este verano y que ha dejado fuera de La Roja a dos de los convocados, Oyarzabal y Adama Traoré. En el caso del extremo del Wolverhampton ya es mala pata, pues es la segunda ocasión en que se frustra su debut (en noviembre de 2019, convocado por Robert Moreno, fueron unos problemas musculares los causantes del chasco). La tercera baja es la de Asensio, en su caso debido a un edema en la rodilla.

Tres reveses de última hora, tres disparos a la que podríamos interpretar como línea de flotación de la nueva Selección de Luis Enrique. Vértigo es la palabra que mejor define a ese perfil de jugadores y es que los citados Oyarzabal, Adama y Asensio comparten ADN con otros dos internacionales que sí estarán disponibles esta tarde, Ferran Torres y Ansu Fati. Dos debutantes con cara de liártela en cuanto te descuides. Esa apuesta por el desborde es quizá la navaja suiza que nos saque de más de un apuro, algo de lo que no disfrutamos en las últimas grandes citas, en las que los rivales aguardaban sentaditos a que nuestro tiqui-taca se decidiera de una vez por todas a poner rumbo al gol. Y no lo ponía.

Luis Enrique regresa a la Selección un año y cinco meses después con la misma duda en el menú: Kepa o De Gea. La incorporación de Gerard Moreno apunta a que Rodrigo caiga a la derecha, mientras que Ramos y Busquets volverán a ser la columna que vertebre al equipo.

Joachim Löw también abre la puerta a caras nuevas en la Mannschaft. Con mascarilla o sin ella, Alemania siempre es Alemania, aunque esta no tenga orejas de Bayern y colmillo de Múnich. El seleccionador ha dado descanso a los campeones de la Champions (sólo Niklas Sülle, sin desgaste, entró en la lista) y en su ausencia serán perlas como Kai Havertz, Leroy Sané o Timo Werner las que lleven la voz cantante. Se trata de un equipo joven, pero Löw juega con fuego lo justo; en portería, sin los Pimpinela (Neuer y Ter Stegen), el técnico recurre a guardametas con sobrado kilometraje: Kevin Trapp (30 años), Bernd Leno (28) y Oliver Baumann (30).

El Alemania-España es el primer gran duelo de una competición que, más allá del palmarés, otorga dos plazas para el playoff hacia Qatar 2022 a aquellas selecciones que no se ganen el billete por la vía tradicional de las eliminatorias mundialistas. Un torneo enrevesado, aún sin poso, un enorme elefante (55 federaciones en competición) que apenas hace ruido al andar. Ha llegado, está aquí y no nos habíamos dado ni cuenta.

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